De cucarachas y migajas
- La Perra Sabia
- 8 jun 2022
- 2 Min. de lectura
Quienes me conocen un poquito saben que amo los animales y que alimento perritos callejeros en cada viaje, quienes me conocen un poco más saben que de vez en cuando alimento también las cucarachas en mi cabeza, aunque cada vez lo hago con menos frecuencia. Pero ¿a qué se debe esta manía de estar viviendo un momento de plenitud y pensar que algún desastre podría ocurrir porque no todo puede ser tan perfecto? Hace un par de años podía quedarme danzando con estos pensamientos y revolviéndome con la ansiedad que me producían. Pero hoy he adquirido la maravillosa capacidad de mirarlos con distancia y a veces hasta reírme de todos los escenarios catastróficos que mi cabeza tiene la capacidad de recrear. Un dolor de cabeza buscado en Google nos arroja las inverosímiles y distanciadas posibilidades de estar sufriendo desde una migraña hasta un accidente cerebrovascular, información que funciona como el sustento perfecto para nuestras fantasías en las que los síntomas del peor diagnóstico comienzan a parecernos familiares con cualquier sensación. ¿Estará creciendo en mi un tumor maligno? ¿Será que me quedan pocos días de vida? ¿Moriré joven y sin ver envejecer a mis padres?
¿Como es que nuestra mente se inclina siempre al peor escenario posible y crea dramas futuros improbables? Dicen que el 95% de las preocupaciones de las que nuestra mente se ocupa ¡nunca llegan a suceder! Y esto debería ser un dato revelador para que cada vez que entramos en este bucle de pensamientos que parecieran ser insertados por nuestro peor enemigo nos sentáramos a respirar y a pensar que dada la historicidad de nuestra existencia, estadísticamente hay más probabilidades de que las cosas salgan bien que de lo contrario. Ya sé que esto no le pasa a todo el mundo, pero a quienes somos tan creativos como Stiven Spielberg para crear una gran película dramática a partir de un dolor en el cuerpo o una frase "sospechosa” dicha por nuestra pareja o nuestro jefe, les puedo decir que hay esperanza y que se puede reinventar la historia que nos angustia, cuantas veces sea necesario, para encontrar la que nos de paz en esos momentos de crisis. Lo primero que tenemos que hacer es reconocer que estamos en un momento CUCARACHA, este momento se caracteriza por una serie de pensamientos caóticos de lo que podría ser, pero aún no es. Salir de un momento cucaracha requiere recibir cada pensamiento como a un viejo conocido que está de paso y, en contraposición, imaginarse los mejores escenarios posibles. Y si estamos en un nivel muy avanzado, terminar riéndonos del desastre que hemos creado en nuestra cabeza sin que absolutamente nada malo haya acontecido. Usar cada momento de crisis para trabajar en una actitud optimista por elección es robarle el alimento a las cucarachas que disfrutan paseándose de manera sigilosa por nuestra cabeza, comiéndose las migajas que les entregamos cuando vivimos en piloto automático ó de manera inconsciente.

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