¡Los pobres son pobres porque quieren! ¿O no?
- La Perra Sabia
- 10 mar 2022
- 4 Min. de lectura
Hay dos cosas que me destemplan los dientes, una, el icopor y su sonido seco cuando roza otra superficie y dos, las frases que emiten algunas personas como certezas absolutas, basadas en su subjetiva experiencia. Escuché a alguien hace poco decir que ahora cualquiera podría estudiar, sólo era cuestión de querer, buscar un curso en internet gratuito y suscribirse, alguien más mencionó que se trataba de ponerle actitud a la situación por resolver y listo! Para terminar de desconfigurarme, otra más agregó que los pobres son pobres porque quieren y no han aprendido a manejar sus finanzas, y ahí ya mi cerebro se desconectó y empezó a divagar como estrategia de protección emocional. No es mi intención hacer un juicio sobre estas personas ni sobre estos postulados, de hecho creo que estos juicios tienen algo de sentido y algo de razón y aplica para algunas situaciones, pero ahí está el problema mayor, sólo aplican para ALGUNAS situaciones y ALGUNAS personas y se desentienden de las incontables variables de cada ser humano que habita en este planeta.
Para aterrizar esta situación en nuestro país, un niño o una niña que crece en el campo colombiano, por ejemplo, no la tiene fácil para acceder a primaria, que normalmente le queda a varias horas de su lugar de vivienda. Ahora, cuando este niño crece, las posibilidades para acceder a la secundaria y a la Universitaria son remotas, ni les hago cuentas! El 80% de esta población rural vive en condiciones de extrema pobreza, así que tener un computador es un lujo imposible de darse cuando tienen que decidir si desayunar o comer, y pensar en tomar cursos virtuales, algo tan natural para nosotros es apenas una fantasía en estos lugares. Decirles entonces a ellos, que no estudian, porque no quieren, es negarse a ver el privilegio que tenemos los que vivimos en la ciudad y podemos acceder a decenas de servicios que son imposibles de considerar en un entorno como estos.
Pensando en el éxito desde una única perspectiva, la financiera, siendo este un claro sesgo con el que abordaremos este tema, ¿cuál es mi perspectiva detrás de todo este asunto? ¿Son las personas que se esfuerzan las que siempre tienen “éxito en la vida”? Para mí esto es un cuento de hadas, una verdad a medias, un cliché de telenovela que nos ha hecho creer que los menos favorecidos están donde están ¡porque quieren! La realidad es que no hay perezosos que fracasan y luchadores que triunfan, la vida es más compleja que estos absolutos y está llena de grises con historias únicas que hacen la diferencia. Hay personas que luchan toda su vida en entornos muy complejos y mueren sin poder ver los frutos de su trabajo y sin lograr sus sueños, hay otras que nunca mueven un dedo ni tienen mayores logros y un buen contacto los termina convirtiendo en Presidentes de la República. (Perdón por la referencia a Colombia).
¿Es esto un mensaje para no esforzarnos por lo que queremos? ¡Claro que no! La actitud, la disciplina y el esfuerzo son componentes importantes en la construcción de nuestras metas y en el logro de nuestros objetivos. Es un mensaje, más bien, para que sigamos dándolo todo, con una invitación adicional a que seamos mas empáticos, porque pensar que cada quien tiene lo que se merece, es un juicio peligroso para el mundo, que promueve acciones egoístas y poco solidarias con el otro. Por el contrario, pensar que tal vez alguien tuvo menos oportunidades y privilegios que yo, puede incentivarnos a tomar de la mano a quien lo requiere y darle un impulso cuando lo necesite. Si algo le urge a este planeta es pensar como humanidad y de manera cooperativa, sin ver al otro como amenaza ó competencia.
La desigualdad solo existe en este sistema creado por nosotros los humanos, la naturaleza es abundante y bien distribuida, no existen pájaros pobres y tigres millonarios ¿Y si lo hemos creado nosotros, no es nuestra responsabilidad buscar cómo equilibrar la balanza?
Y aunque el tema de desigualdad es complejo y pasa por tener mejores políticas públicas, vale la pena peguntarse: ¿Qué puedo hacer desde mi lugar para que mis privilegios sean escalones en lugar de zancadillas para otro ser humano? Lo primero que se me ocurre es reconocerlos. Los privilegios pueden tener que ver con mi capital social (contactos y círculo cercano), con mi género, color de piel, lugar de nacimiento, y un sinnúmero de variables que no escogí al nacer. Este es un primer paso para pararme en un lugar más humilde en el que reconozco que mis logros no solo han tenido que ver con mi nivel de esfuerzo.
Luego, revisar en qué aspecto de mi vida tengo abundancia para compartir. Y me refiero a la abundancia desde muchos lugares, no todo lo que necesita la humanidad es dinero, las preguntas que debemos hacernos son, ¿En qué somos buenos? ¿Qué talentos tenemos y podrían impactar a otros? Una hora de mi tiempo en la que le enseño a alguien lo que mejor sé hacer puede ser una herramienta para que ese ser humano multiplique sus posibilidades. De esta forma usaríamos nuestros privilegios como plataformas para quienes no los tienen, esto no cambiará el mundo y seguramente no eliminará la desigualdad, pero sí cambiará unas cuantas vidas y así es mas o menos como nos convertiremos en los motores de transformación que quisiéramos ver encendidos en este planeta.

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