¡Rendirse es de valientes!
- La Perra Sabia
- 19 may 2022
- 3 Min. de lectura
El cliché de una vida feliz, en la que se superan todos los tropiezos de manera exitosa para al final cumplir con todos nuestros deseos: conseguir un trabajo bien remunerado, crear una empresa exitosa, casarse y tener hijos, está mandado a recoger. Y no solo porque estos mandatos sociales sean cuestionables (que para mí lo son) sino porque nos estamos forzando a cumplirlos a costa de nosotros mismos ¿No es un contrasentido que nuestros ideales de felicidad nos cuesten precisamente nuestro bienestar en el día a día?
Salimos de la universidad listos para cumplir con el libreto de nuestras vidas, nos llenamos de planes y entramos en una vorágine de metas propias y ajenas, y entre tanto nos abandonamos en el espejismo de tener todo bajo control, lo que nos hace olvidar que a pesar de todos los planes y proyecciones mentales que realicemos, no tendremos nunca la certeza de lo que la vida nos ofrecerá en el minuto siguiente.
El mundo se mueve de forma cíclica al igual que nosotros. Si hacemos una retrospectiva de nuestra vida, nos encontraremos recordando momentos que fueron difíciles de superar y otros en los que fuimos muy felices. ¡Esto es la vida! ¡Punto! No hay nada que descifrar y no va a cambiar en adelante, no hay un momento en el futuro en el que encontremos el mejor trabajo adaptado a todos nuestros requerimientos, no hay una idea de negocio que nos garantice riqueza, no hay una pareja en el futuro que será nuestro inmaculado príncipe azul, no llegará un hijo perfecto a completarnos la vida. La incomodidad, el dolor y la frustración harán parte también de ese futuro que idealizamos, y está bien. Aceptar la vida de esta manera puede prepararnos mejor para que cuando lleguen esos momentos los afrontemos, no como un fracaso, sino como una posibilidad para aprender o para cambiar el rumbo sin aferrarnos a lo que habíamos planeado.
El sufrimiento de hecho no llega con las situaciones adversas sino con nuestra incapacidad para comprender los aprendizajes detrás de estas y, si es necesario, renunciar de manera inteligente y anticipada antes de que esto nos cueste la vida. Conservar una relación de pareja desgastada a toda costa, persistir en un emprendimiento que nos ha drenado todos los recursos, permanecer en un cargo con el que no vibramos, es vivir bajo un miedo profundo a replantearse la existencia a partir de nuevos propósitos. Nos enseñaron a no rendirnos nunca, a luchar por nuestros sueños, a insistir hasta lograrlo, pero ¿somos conscientes del costo de este aprendizaje mal aplicado? Aferrarse de manera enfermiza a nuestros planes y proyectos es quitarle posibilidades a la vida de que nos sorprenda, y malgastar nuestra energía y nuestro tiempo en algo que no está funcionando. Tocar fondo y retirarnos a tiempo de un proyecto que nos ha desgastado es actuar de manera valiente y abrirle la puerta a universo para que nos muestre el nuevo camino, es soltar aquello que nos impide abrir los brazos para volver a recibir.
Así que si estás en un punto de quiebre, pregúntate si has cruzado los límites de tu salud mental, de tu amor propio o de tu bienestar para permanecer en esa relación, trabajo o proyecto. Escucha esa voz interior silenciada por lo que crees que tuvo que haber sido, haz tu duelo de manera oportuna, y comienza a invertir tu energía en otra dirección, cambia de rumbo cuántas veces sea necesario, honra tu libertad y prepárate para un nuevo capítulo que no comenzará desde cero sino desde todo lo que aprendiste y capitalizaste en esta experiencia.

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