¡Votar cada 4 años no sirve para nada!
- La Perra Sabia
- 13 may 2022
- 3 Min. de lectura
Construir el país que queremos es mucho más complejo de lo que deseamos, y tiene más que ver con lo que somos y hacemos cada día como individuos, que con el presidente que elegimos cada 4 años. Ya sé que es más fácil pensar en elegir un@ gobernante cada cierto tiempo y depositar en él o en ella la responsabilidad de cambiar el país, sin embargo, cada día la vida nos da la oportunidad de votar en tiempo real y elegir el mundo que soñamos. Y aunque no lo creamos, hoy más que nunca, nuestra billetera y las decisiones que tomamos con ella son el marcador más importante con el que elegimos qué tipo de estructuras sostendrán nuestro futuro. Por ejemplo, tres veces al día, cuando nos sentamos a comer, tenemos la oportunidad de apoyar el desarrollo del campo en nuestro país comprando a cultivadores locales o en pequeños comercios, esta pequeña decisión podría cambiar las condiciones de cómo hoy se comercializan los alimentos, en donde existe un gran desbalance en muchos sentidos entre productores y grandes distribuidores. La proximidad nos permite conectar con quienes siembran nuestra comida, entender sus desafíos, empatizar con sus esfuerzos y lo más importante, valorar de manera justa la labor que realizan.
Pasa igual con el resto de decisiones de compra que tomamos cada día. Cuando gastamos nuestro dinero en una marca, decidimos apoyar sus políticas, su filosofía y en especial su visión del mundo, podemos pensar que es apenas una gaseosa o que es tan solo un vestido, pero entender el poder que hoy tiene nuestro dinero en incentivar cadenas justas o despóticas en un mundo que ha decidido priorizar su capital sobre su bienestar, nos entrega una gran responsabilidad como consumidores y electores del rumbo que queremos darle al mundo. La globalización con sus productos hechos a miles de kilómetros de distancia ha logrado romper nuestras conexiones y ahora nos resulta difícil saber exactamente dónde y cómo se produce lo que nos llevamos a la boca ó lo que usamos, también nos imposibilita saber cuáles son los costos ocultos humanos y planetarios detrás de la producción a gran escala con mano de obra barata en los países que producen lejos de nuestra mirada y por ende lejos de nuestra empatía. Así que ante la frustración por la incapacidad de los políticos que elegimos para resolver los desafíos que hoy tenemos, y viendo cómo son las grandes empresas las que toman importantes decisiones que movilizan hacia una u otra dirección el mundo, bien valdría la pena repensar nuestro papel, entendiéndonos como motores, con la capacidad de suscitar virajes trascendentales a partir de lo que hacemos cada día. La pregunta, en definitiva, tal vez no sea sólo si nuestros dirigentes han estado a la altura de los retos que hoy tenemos como sociedad, sino también, si nosotros hemos estado dispuestos a incomodarnos y a reconocer nuestra parte en el problema. Tal vez quienes ostentan el poder sean tan solo el reflejo de la inconsciencia con la que hoy consumimos y tomamos decisiones de manera mecánica sin hacernos cargo de las consecuencias. Tal vez incrementar nuestra consciencia y hacernos responsables de las elecciones que hacemos cada minuto sea el camino para elegir mejores gobernantes alineados a nuestro propósito, haciendo que cada voto realmente importe.
Pero ya sé que es jodido pensar así, así que mejor votemos en estas próximas elecciones por alguien que lave nuestras consciencias y nos prometa un cambio empaquetado y sencillo para los próximos 4 años.

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